FOTOGRAFÍA GASTRONÓMICA EN LA PICCOLA DE BETANZOS

FOTOGRAFÍA GASTRONÓMICA EN LA PICCOLA DE BETANZOS

Hay restaurantes que se descubren al sentarse a la mesa y otros que empiezan a transmitir mucho antes. La fotografía gastronómica tiene precisamente ese objetivo: conseguir que una imagen sea capaz de anticipar una experiencia.

En esta ocasión, mi trabajo me llevó hasta La Piccola de Betanzos, donde realicé una sesión de fotografía gastronómica orientada a construir una imagen visual atractiva, cuidada y coherente con la personalidad del restaurante.

FOTOGRAFIAR ALGO MÁS QUE UN PLATO

Cuando trabajo la fotografía gastronómica no busco simplemente enseñar qué hay en el plato. Busco que quien vea la imagen pueda imaginar su textura, su temperatura, sus aromas y, sobre todo, las ganas de probarlo.

La iluminación, el encuadre, la profundidad de campo, el color y la composición forman parte de ese proceso.

Cada fotografía debe dirigir la mirada hacia aquello que hace especial al plato, eliminando distracciones y potenciando los detalles: el brillo de una salsa, una textura crujiente, el punto de cocción o la forma en la que están dispuestos los ingredientes.

En La Piccola, el objetivo fue crear imágenes capaces de transmitir esa sensación manteniendo una estética elegante y natural.

UNA IMAGEN COHERENTE CON EL RESTAURANTE

Una sesión gastronómica también es un trabajo de imagen de marca.

Antes de disparar, es importante entender qué quiere transmitir el restaurante y quién va a ver esas fotografías. No tendría sentido fotografiar de la misma manera una propuesta informal que un restaurante que busca proyectar una experiencia más sofisticada.

Por eso, durante la sesión en La Piccola trabajé buscando una identidad visual reconocible y coherente entre las diferentes fotografías.

No se trata de conseguir una única fotografía espectacular. Se trata de crear un conjunto de imágenes que funcionen entre sí y que permitan construir una comunicación visual sólida.

FOTOGRAFÍA PENSADA PARA REDES SOCIALES

Hoy gran parte del primer contacto con un restaurante sucede a través de una pantalla.

Instagram, Google, la página web o una campaña publicitaria pueden ser el lugar donde alguien decide por primera vez si un restaurante despierta su interés.

Por eso, durante una sesión no pienso únicamente en la fotografía individual. También tengo en cuenta dónde se utilizará después: publicaciones, reels, stories, web, campañas o diferentes piezas gráficas.

Crear contenido pensando desde el principio en estos formatos permite aprovechar mucho mejor cada sesión y mantener una estética reconocible en toda la comunicación del restaurante.

LA FOTOGRAFÍA COMO PARTE DE LA EXPERIENCIA

Un buen plato tiene detrás producto, técnica, tiempo y una forma determinada de entender la cocina.

Mi trabajo consiste en trasladar todo eso a una imagen.

En La Piccola de Betanzos busqué fotografías que no necesitaran demasiadas explicaciones. Imágenes donde el producto tuviera protagonismo y donde luz, composición y ambiente ayudaran a contar qué puede esperar alguien cuando se siente a su mesa.

Porque en fotografía gastronómica no basta con que un plato se vea bonito.

Tiene que apetecer. Tiene que transmitir. Y, sobre todo, tiene que representar al restaurante que hay detrás.

Sergi Márquez
Fotografía gastronómica · Contenido visual · Imagen de marca